
Volvíamos del Cotiella, llenos de luz, después de haber dado decenas de miles de pasos sobre las incontables piedras de la montaña, de habernos asomado a los abismos de Armeña, de haber querido atrapar en nuestra retina todo el paisaje, todo el espacio. Era 21 de octubre y el otoño había vuelto a engañar a los rododendros, que estaban en flor a destiempo.
..... Y muchas ganas que le tenía a éste monte visto miles de veces desde nuestros lugares habituales y cotidianos;
ResponderEliminartantas veces nombrado por quienes ya lo habíais disfrutado.
Tantas siluetas de montaña dibujadas desde niños, y por todos los niños, sin saber que se trataba del Cotiella.
Y cuando descendemos ya al llano, bienvenidos seamos todos a éstas nuevas ventanas que nos abrimos, desde las que oiremos, veremos ó buscaremos los susurros vecinos, los amigables recuerdos, las dispares sensaciones, los flechazos irrefrenables, los comunes ó particulares deseos pretendidos, las imágenes más bellas ó las mil palabras que las describirán....
Hasta luego..
Victor
JOSE Mª MARCO:
ResponderEliminarSiempre recordare esta salida: por la belleza de la montaña y su dureza, por la luz del día,...pero sobretodo por la buena y SABIA compañía.Gracias