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lunes, 12 de enero de 2009



Volvíamos del Cotiella, llenos de luz, después de haber dado decenas de miles de pasos sobre las incontables piedras de la montaña, de habernos asomado a los abismos de Armeña, de haber querido atrapar en nuestra retina todo el paisaje, todo el espacio. Era 21 de octubre y el otoño había vuelto a engañar a los rododendros, que estaban en flor a destiempo.

2 comentarios:

  1. ..... Y muchas ganas que le tenía a éste monte visto miles de veces desde nuestros lugares habituales y cotidianos;
    tantas veces nombrado por quienes ya lo habíais disfrutado.
    Tantas siluetas de montaña dibujadas desde niños, y por todos los niños, sin saber que se trataba del Cotiella.
    Y cuando descendemos ya al llano, bienvenidos seamos todos a éstas nuevas ventanas que nos abrimos, desde las que oiremos, veremos ó buscaremos los susurros vecinos, los amigables recuerdos, las dispares sensaciones, los flechazos irrefrenables, los comunes ó particulares deseos pretendidos, las imágenes más bellas ó las mil palabras que las describirán....
    Hasta luego..
    Victor

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  2. JOSE Mª MARCO:
    Siempre recordare esta salida: por la belleza de la montaña y su dureza, por la luz del día,...pero sobretodo por la buena y SABIA compañía.Gracias

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